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Mostrando las entradas etiquetadas como post-punk

"The pleasure principle", Gary Numan, 1979, Beggars Banquet/Atco

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Con algunas notables excepciones (podría argumentarse que Sexteto Electrónico Moderno, por ejemplo) la música electrónica a fines de los 60s y principios de los 70s tenía poco que ver con el pop y mucho que ver con la vanguardia, la experimentación y el minimalismo. O quizá pueda irse un poco más allá: había más pop, es decir, en la banda sonora de "A clockwork orange", a cargo de Wendy Carlos, que en buena parte de la producción de Kraftwerk hasta "Computer world" o, si se quiere ser más cuidadoso, "The man-machine". La matriz alemana de bandas funcionaba en esa línea: Cluster, por ejemplo, con una línea hacia el pop a través de Harmonia y algunos experimentos de Eno, del mismo modo que dificilmente Tangerine Dream se propusiera hacer hits de 3 minutos y medio con verso, estribillo y quizá un puente. Pasando al Reino Unido y a las inmediaciones del postpunk, las cosas no son tan diferentes: las primeras épocas de The Human League, Orchestral Manouvers ...

"The league of gentlemen", Robert Fripp, 1981, EG Records

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Es inevitable pensar que ahora el principal interés de "The league of gentlemen", el álbum de 1981 de Robert Fripp, interesa ante todo por su relación con la discografía de King Crimson: una suerte de preludio de lo que vendría en 1983, hasta el punto que en el espacio de salida del lado B puede leerse "the next step is discipline" ("el paso siguiente es Discipline" -o "disciplina", claro), nombre que, dicho sea de paso, fue pensado primero para la banda que formaría Fripp con Belew, Bruford y Levin. De hecho, los responsables de "The league of gentleman" quedan agrupados bajo precisamente ese nombre; cuando Discipline, entonces, pasó a ser King Crimson (se cuenta que Fripp manejaba su auto escuchando las cintas de los últimos ensayos y sintió que el rey carmesí estaba allí, entre ellos), el nombre del grupo pasó a ser el nombre del álbum. Pero estos son detalles anecdóticos; lo que me interesa ahora es pensar en "The league of ...

"Gulp!", Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota, 1985, Wormo

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Además de que sin duda no ha de figurar entre los mejores primeros discos de la historia del rock, y que contiene no pocas fruslerías ("Pierre, el vitricida" es simpática pero no pasa de eso, el estribillo de "Unos pocos peligros sensatos", el de "Yo no me cai del cielo" y especialmente el de "Royo y mal parado", si no fuera por la letra que cargan, podrían pasar por una versión cansada del pop porteño más trivial; a la vez, "Ñan fri fruli fali fru" es claramente de un humorismo voluntario, por decirlo de alguna manera, e inaugura una línea de rocks sin pretensiones y a la vez tan paródicos del género como de sí mismos que después incluirá "Mi perro dinamita"), el primero de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota logra proponer además de al menos tres grandes canciones (las dos primeras y la última) una suerte de clima -concentrado, por cierto, en esas tres canciones- que termina por hacerlo valer y por resultar especialme...

"Closer", Joy Division, 1980, Factory

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Para el final del lado A del segundo álbum de Joy Division es fácil sentir que hemos sido empujados hacia un entorno siniestro y amenazante. En "A means to an end" la batería parece completamente inmisericorde, y se las arregla para sonar a máquinas e industria sin apelar a una suerte de mimesis sonora, a los gestos del rock industrial, digamos. Es fácil decir que está Manchester ahí colada, por supuesto, pero incluso prescindiendo del facilismo -que no tiene por qué ser falso- el sonido obsesionante del bajo y sus tres notas descendentes a la "I wanna be your dog" parecen una distopía de la música: ¿dónde quedó el sueño de los hippies, del krautrock, del prog? están viéndolo, en ruinas. O quizá, en tanto pospunk, la música de Joy Division sea la segunda ola del rock progresivo: capaz de prescindir de la voluptuosidad musical y del culto al virtuosismo, forzando al máximo sus vínculos con la idea del pop. Antes había sonado "Isolation", justamente el m...

"Remain in light", Talking Heads, 1980, Sire

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Supongo que si alguien me pidiera una razón para pensar al cuarto álbum de estudio de Talking Heads como la obra maestra de esa banda podría contestar que, a pesar de mi amor por "Fear of music", se me ocurren tres: "Once in a lifetime", "Listening wind" y "The overload"; o, mejor, bastaría con decir que tiene el mejor conjunto de canciones basadas en un único acorde en que pueda pensar, y que además tiene "The overload", donde si algo no importa es qué acordes están siendo tocados. Y, además, que todo el álbum es una extensión y exploración de "I zimbra", la maravillosa apertura de "Fear of music". Curiosamente, la canción quizá más deliciosa del disco, "Once in a lifetime", además del ambiente fantasmagórico de sus estrofas y de todo eso que es esencial al álbum completo -la complicada trabazón de ritmos, la naturaleza estrictamente creada en el estudio con máquinas y procesos de la música que suena-,...

"Hex enduction hour", The Fall, 1982, Kamera

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Los primeros segundos de la primera pieza del cuarto álbum de estudio de The Fall diseñan el paisaje que ocupará al resto del disco: hay un bajo que parece una montaña de obsidiana y una caverna que cabe en una sala de ensayo. Y por ahí se mueven guitarras low-fi y estallan dos baterías, llenándolo todo de pedazos de ritmo. La pieza es compacta y fragmentada a la vez, de una manera tan misteriosa como ese espacio tan vasto como encerrado que convoca el sonido; después las cosas parecen enfilarse o enfocarse con el riff de "Jawbone and the air-rifle" y sus melodías de bajo, para que después el impulso se hunda en una atmósfera decadente y mala onda con "Hip priest". En "Deer park" la banda avanza como un robot que está aprendiendo a caminar y después, en las dos partes de "Winter" (cortadas por la cesura entre los lados del LP) el bajo entrega un pulso monolítico alrededor del que se arremolina una atmósfera de gran belleza y sugerencia, que en...

"Entertainment!", Gang of Four, 1977, EMI/Warner

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Había algo así como una veta neomoderna en el postpunk, con bandas como Cabaret Voltaire y Pere Ubu, que referían explícitamente desde sus nombres al dadaísmo y a Jarry y, desde lo que podríamos pensar como el brazo  clase media intelectual del punk, crearon una estética experimental y vanguardista, con una notoria -y moderna, por supuesto- creencia en el proceso, el progreso y el futuro del arte. El punk, muerto para el 77, era regresivo: el postpunk -como la filosofía moderna desde Descartes a Hegel- se planteó empezar desde cero -como el krautrock siete años atrás- y evitar toda referencia posible a Chuck Berry. Pero, por supuesto, si miramos de cerca la cosa es más compleja, y una banda típicamente postpunk como Gang of Four, incorporable a la veta más politizada de ese proceso de formateo (el nombre remite a aquellas cuatro figuras del partido comunista chino después tachadas de contrarrevolucionarias y de agentes de tantas calamidades acontecidas durante la Revolución Cul...

"Public Image Ltd: Frist Issue", Public Image Ltd., 1978, Virgin

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Hace muchos años un compañero de trabajo y poeta me dijo, medio en serio y medio en broma, que estaba orgulloso de haber nacido en 1977, el año del punk. Mi respuesta fue simple: puestos a pensar así, yo estaba todavía más orgulloso de haber nacido en 1978, el año en que despegó el postpunk. No sólo porque este último "género" (en sentido muy amplio) me parece infinitamente más interesante que el otro sino, puestos a pensar ahora, con todo su componente de quiebre y reseteo, el postpunk puede ser incorporado a una tradición o línea de música progresiva, que si bien en algún momento -principios de los 70s- parecía arrinconado contra un lenguaje sinfónico al que tanta prensa musical quiso después presentar como excesivo y eventualmente agotado, sin duda reclama una lectura más amplia y a fondo, que incluya también al llamado krautrock y a los experimentos con el minimalismo que derivaron en las dos generaciones más diferenciadas de música ambient y, de paso, en la electrónica...

"More songs about buildings and food", Talking Heads, 1978, Sire

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El primero tendrá su mística y el tercero podrá ser (a mi gusto al menos) el mejor, pero el segundo álbum de Talking Heads es sin lugar a dudas una obra maestra. Donde casi todas las bandas de los setentas (las anteriores al postpunk al menos, cronológica o estéticamente) buscaban el consabido sonido "lleno" y "cálido" de guitarra (esa cosa de las válvulas y yo qué sé qué más, épica bluesera de los crossroads, la honestidad, las raíces y bla bla bla) la de Byrne y compañía prefirió todo lo contrario: una guitarra tenue, delgadísima, latosa, que queda además empujada a un rol estrictamente rítmico. Pero eso no es todo, y acá es donde entra en escena Brian Eno: la banda coloca al frente todo lo que tenga que ver con el ritmo, con patrones desquiciados que se reiteran y con el bajo manteniendo todo en su lugar, y Eno aporta el ambiente: el sutil espacio de la reverberación y el juego de frecuencias entre los instrumentos. Seguramente "I'm not in love" m...

"Zeichnungen des Patienten O.T.", Einstürzende Neubauten, 1983, Some Bizarre Records

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Si bien lo primero que se piensa en relación a Einztürzende Neubauten es la variante industrial del postpunk, en su segundo álbum de estudio -un trabajo conceptual sobre el artista esquizofrénico Oswald Tschirtner (1920-2007), el "paciente O.T." del título- el del dark ambient parece el lenguaje predominante. En sus 40 minutos (53 en la más reciente edición expandida), al margen de la cesura entre caras del vinilo (y de la que separa la impresionante "Armenia" del último track, "Die Genaue Zeit"), hay un paisaje sonoro ininterrumpido, desde el que asoman elementos que a veces tienden a la construcción de una pieza musical asimilable al rock (en "Neun arme", por ejemplo, aparece un riff de bajo) y a veces a una pieza centrada en lo rítmico y en los timbres producidos desde los objetos usados como percusión, casi siempre metálicos y asimilables a lo industrial. Acaso los mejores momentos del disco, entonces -es dificil hablar de piezas, secciones...

"LC", The Durutti Column, 1981, Factory

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Dos de los momentos más fascinantes de la música de los setentas, el krautrock y el postpunk, tienen en común la idea de rebooteo, de comenzar desde cero, por lo que no es extraño que el más reciente de ambos movimientos haya de alguna manera vuelto legible -o reinsertado en una lógica de significados- al más viejo. Eso, por supuesto, no agotó al krautrock -ni esta idea agota al postpunk tampoco-, pero parece claro que a través de bandas como Joy Division y Talking Heads la influencia de Can, Faust y Neu! se abrió camino, del mismo modo que Bowie y Eno canalizaron el ímpetu de Cluster, Harmonia y Kraftwerk hacia el pop de los ochentas. Cierta pieza clave de esa deriva puede encontrarse en "LC", el segundo álbum de The Durutti Column, uno de los discos más hermosos de ese período seminal. Como en Can, Faust y Neu (y en Talking Heads) el ritmo es acá un elemento fundamental, y la percusión -sus golpes de frecuencias bajas desde los toms- es tan esencial a la textura como la...

"The idiot", Iggy Pop, 1977, RCA

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Después vendrían los puristas iggypoperos a decir que la culpa de todo -es decir, de un disco tan poco abiertamente punk- la tuvo Bowie, pero el álbum, primero de James Osterberg Jr. como solista, habría de decantar como uno de los mejores de todos los tiempos. Y eso no quiere decir, por cierto, que Bowie no tuviera cierta culpa: grabado poco antes de "Low" compar te la sensibilidad musical y el ímpetu experimental de la llamada "trilogía de Berlín", aunque quizá, aportes idiosincráticos de Iggy aparte, con un costado más siniestro y energético. O, quizá, más arriesgado y experimental. En cierto modo el álbum está apoyado o centrado en la voz de Iggy y una serie de posibilidades que el cantante no había explorado del todo aún; Bowie le había sugerido dejar atrás vocalizaciones como la de "Search and destroy" (en "Raw Power", 1973) para esforzarse en un croon barítono con el que experimentar diferentes maneras de infundir emotivi...