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Mostrando las entradas etiquetadas como 2016

"Entities inertias faint beings", David Toop, 2016, Room40

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Hace muchos años Ercole Lissardi me dijo que ya empezaba a irritarlo que tantas reseñas, al referirse a sus novelas, volvieran a la posible distinción entre erotismo y pornografía a modo de aparente condición previa para referirse a la obra en cuestión; para Lissardi, él ya había saldado el tema, al menos en cuanto a lo que tocaba a su trabajo, y estaba claro qué era una cosa y qué otra y en qué sentido dialogaban o, mejor, no dialogaban. En el caso de David Toop imagino que algo similar le pasará cuando se plantea la distinción entre "sonido" y "música", porque si bien parece una manera consabida y gastada de comenzar un reporte o reseña de algunas de sus obras, el propio Toop se encargó de saldar la cosa -una vez más, en lo que a su propia obra respecta-: "no me gusta la música", dijo, "amo el sonido, amo el silencio, pero la música en sí ya no me gusta más". La pregunta, entonces, después de toda preocupación por la sistematización de la mú...

"Moss garden", Svarte Greiner, 2016, Miasmah

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Brian Eno habló alguna vez de la capacidad de la música ambient de "pintar" un entorno; hay, es decir, una suerte de uso del género relacionado con alterar las cualidades inmediatas de una habitación desde ciertos sonidos, texturas y respuestas emocionales en el oyente. Es interesante pensar desde esa idea al subgénero (o género, depende de desde   dónde se lo mire) del dark ambient, que de manera inmediata parece capaz de generar inquietud, ansiedad y terror. Pienso en lo que me ofrece la ventana del cuarto donde escribo: una vasta paraed gris amarronada por la intermperie, una franja pintada de blanco hace quién sabe cuánto, pautada por manchas de humedad, las líneas de tender la ropa vacías, los edificios cercanos, más altos, y, contra un cielo metálico las formas de grandes nubes amarillentas que absorben la luz del atardecer inminente. Sobre ellas -y puedo evitar la resolución de formas conocidas simplemente graduando qué tan alto puedo ver en el cielo, según acomode ...

"Everywhere at the end of time", The Caretaker, 2016, History always favours the winners

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Quisiera algún día escribir un libro sobre el espacio en la música: sobre la manera en que los sonidos construyen espacios, es decir. Hay un referente obvio que salta primero a escena, y es el de las grabaciones en vivo. Por ejemplo, de "Stage" (1978), segundo álbum en vivo de David Bowie, se dijo en su momento que era imposible sentirlo como un disco en vivo porque en la mezcla había sido eliminado el ruido ambiente del público (aparte de algunos aplausos aquí y allá); es decir, entonces, que el espacio creado por los sonidos en cuestión no era el que se asociaba a un disco en vivo, ya que uno cualquiera -"The song remains the same", pongamos- instala la música en la reverberación natural del espacio donde se desarrolló el concierto e incluye necesariamente la suma de sus ruidos, más presentes, menos presentes, pero allí, guardados en la suerte de memoria o clave del espacio (en ese sentido "Stage" gana en interés: es un concierto que suena para nadie)...

"Love streams", Tim Hecker, 2016, 4AD/Paper Bag

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Lo primero que captura la atención desde el octavo álbum de Tim Hecker es su uso de la voz humana; no es algo que suene en todas las piezas incluidas en el disco, pero después de pasar por la segunda -"Music in the air"- la personalidad del álbum -insondable, extraña, remota, hipnótica, fascinante- queda establecida; de hecho, lo que sonará después desde otros instrumentos -en "Bijie Dream", por ejemplo, la base está en sintetizadores que evocan un paisaje sonoro setentero, como si la música de los primeros discos de Vangelis fuese un edificio en ruinas y esta pieza de Hecker tomase todos los escombros y con ellos erigiese una catedral- está prefigurado en los cortes, los desfasajes, los glitches y las transiciones abruptas de esas voces -cuyos arreglos corales fueron preparados por Jóhann Jóhannsson-, que se enredan en un panorama tan humano como digital, como la concebible kill screen al final de una cantata de Bach. No hay una sola textura en "Love stream...

"The ship", Brian Eno, 2016, Warp

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Quizá valga la pena, en tanto abordaje a la nave del vigesimoquinto álbum de estudio de Brian Eno, recordar que la palabra "ship" aparecía ya en la quinta composición del lado A de "Another green world" (1975), y que el paisaje sonoro propuesto allí, con su textura de acordes largos de sintetizador sobre los que ondula una percusión intrincada, acaso evocaba ya -incluso en tanto ese "apex of human technical power" del que habla Eno en las notas que se anticiparon al lanzamiento de "The ship"- el barco que ese mismo año sería evocado por la edición, en el sello Obscure del propio Eno, de la sobrecogedora "The sinking of the Titanic" de Gavin Bryars; cuarenta y dos años más tarde, entonces, Eno volvió al RMS Titanic y lo convirtió en el centro de su propio relato del naufragio, su "Un coup de dés" -por vincularlo a la obra de Mallarmé: y hay tantos puentes posibles entre el pensamiento del simbolista francés y el músico inglés...

Iggy Pop, "Post Pop depression", 2016, Caroline International/Loma Vista

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Sin duda sonaría un poco injusto o malintencionado decir que, entre todos los álbumes que cuentan con Iggy Pop como cantante principal los mejores son aquellos en que había más músicos implicadas a un nivel de relieve; es decir, están al comienzo los tres discos de los Stooges y, después, los dos primeros álbumes solistas de Iggy, co-compuestos y producidos por David Bowie, quien también tocó buena parte de los instrumentos involucrados, y es indudable que el resto de la discografía de Pop, si bien incluye trabajos de gran nivel (algunos de ellos también en colaboración: "Kill city", de 1977, con Jack Williamson, "Blah, blah, blach", de 1986 y también con Bowie, "The weirdness", de 2007, con los Stooges de nuevo, "Ready to die", de 2013, con los Stooges y James Willianson, o "Skull ring", de 2003, con una amplia variedad de colaboradores) parece ocupar un nivel  inferior al de los álbumes de los Stooges y de los primeros dos discos so...

"Stranger things, volume one", Kyle Dixon & Michael Stein, 2016, Lakeshore records

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Acaso hay que pensar como el mejor logro de la banda sonora de la primera temporada "Stranger things" que allí donde la serie ofrece una apropiación y reconstrucción de la estética y los tópicos del cine de terror ochentero, la música que la acompaña hace lo mismo con ciertos géneros musicales; la parodia, es decir, se mantiene tanto en el aspecto visual y narrativo como en el sonoro. Además la banda sonora funciona perfectamente a la hora de evocar los escenarios y personajes de la serie; en ese sentido destacam especialmente las composiciones "The upside down", acaso la más dark ambient pese a la oportuna irrupción de un riff secuenciado -oscuro e insistente- hacia la segunda mitad. Del mismo modo funciona "Eleven", más apacible y luminosa pero a la vez enigmática. El sonido, en general, es tributario de Tangerine Dream (esto es evidente en la composición titulada "Stranger things", que sirve de fondo musical para los crédito...

"Beyond now", Donny McCaslin, 2016, Motéma Music

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Es fácil pensar que no es el jazz (fusión o lo que sea) lo que realmente importa en "Beyond now", o al menos que si el álbum vale la pena y logra convertirse en un conjunto interesante de composiciones, no es estrictamente por su relación con ese genero tan hermoso como extinguido. O no, al menos, por su relación con lo que pueda gustarle a cierta ortodoxia o a ciertos puristas, que acaso queden más bien fríos ante el sonido estudioso y aplicado del saxo de McCaslin. Un McCaslin, por cierto, que posa en la portada de su disco con una campera de cuero notoriamente parecida a la de Bowie en la tapa de "Heroes". ¿Se trata de capitalizar el éxito de "Blackstar", cuya personalidad sonora tiene tanto que ver con lo aportado por el saxofonista y su banda? Bueno, digamos que McCaslin lo tiene más que merecido y que mucho de lo que fascina desde "Blackstar" ya estaba, a su manera, en los discos anteriores del grupo integrado por McCaslin ...

"Blackstar", David Bowie, 2016, ISO/RCA/Columbia/Sony

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Theodore Adorno y Edward Said (el último a partir del primero) famosamente escribieron sobre el "estilo tardío" en la obra de ciertos artistas, Beethoven sin duda el caso paradigmático. Se trata, por supuesto, de una noción como mínimo problemática, pero es fácil usarla de manera que denote la obra de aquellos creadores que, en su vejez, produjeron (en lugar de ceder al conservadurismo o la autoparodia asociada generalmente a la reiteración en el tiempo de ciertas opciones estéticas o creativas) de manera más radical y desafiante. Una vez más: Beethoven, pero creo firmemente que no es aventurado postular un "estilo tardío" en la obra de David Bowie. Incluso su biografía facilita el proceso de apartar las últimas tres entradas en la discografía (los álbumes "The Next Day", de 2013, y "Blackstar", de 2016, más el single "Sue (or in a season of crime)", de 2014) en virtud de un retiro de casi diez años. Estilísticamente, ...

"Radical Action to Unseat the Hold of Monkey Mind", King Crimson, 2016, DGM

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Hasta la fecha el último disco de estudio asociado a King Crimson (y digo"asociado "Radical action to unseat the hold of monkey man" es una caja de tres CD que reconstruye una actuación en vivo, grabada mayoritaria pero no exclusivamente en Japón, el 19/12/2015. Si bien no es el único registro del trabajo de este nuevo King Crimson (se anticiparon los discos Live at Toronto y Live at the Orpheum) sí es el más completo. El primer disco (adecuadamente titulado "mostly metal") ofrece versiones de clásicos del Crimson de los dosmiles ("Level five", "The construkction of light") reformateados para la nueva formación (llama la atención el remplazo de la voz de Belew por líneas de saxofón en "The construkction..."), las dos primeras partes de "Lark's tongues in aspic" (y es especialmente recomendable la versión de la parte 1) con la segunda ligada a "The talking drum" y una serie de composiciones nuev...