"Dare", The Human League, 1981, Virgin
No hay muchos discos, al menos en la era post-beatle, tan sorprendentes, inagotables y de una frescura tan perenne como la del tercero de The Human League. Pero no por el desafío de su propuesta en sí, sino por su pocas veces igualada (si es que alguna vez lo fue después de 1981) manera de sonar como la quintaesencia del pop y mantener a la vez una riqueza asombrosa de sonidos; son cuarenta minutos de audacia musical, una serie de lecciones bien aprendidas (Bowie ante todo, pero también el pasado más experimental de la banda y sus otras tantas influencias, desde Krafwerk hasta "The Idiot", de Iggy Pop, desde el eurodisco de Moroder hasta el Bowie ersatz de Gary Numan y ABBA), experimentos tan felices que no parecen experimentos y pleno goce musical. Esa combinación de pop y audacia, junto a la larguísima estela del álbum -que engendró o consolidó el synthpop y terminó de definir el sonido de la primera mitad de los ochentas-, puesta junto a la de otras bandas de la época (...