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Mostrando las entradas etiquetadas como 1995

"Alien", Larry Heard, 1995, Black Market International

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Quizá lo mejor de "Alien", el álbum de 1995 de Larry Heard, esté en "Faint object detection", su primera pieza, una por momentos siniestra apropiación del minimalismo en clave electrónica. Eso, en sí mismo, es una propuesta conceptual no carente de interés: la electrónica, entendida desde su momento basal en los setentas, comparte con el minimalismo el interés por el sonido antes que la música, y sin duda el énfasis de los posteriores subgéneros (dance, house, DnB, etc) en lo rítmico no está del todo separado de los esquemas de Steve Reich o Philip Glass, cuya versión digamos "rockera" se encuentra, como es sabido, en "Discipline", de King Crimson. Pensemos, es más, que el tipo de arpegio obsesivo y antiexpresivo típico de cierto minimalismo es, en esencia, lo mismo que opera desde una secuencia de sintetizador; eso, entonces, que a principios de los setenta era asombroso y que pronto fue capitalizado y estandarizado por bandas pioneras de la el...

"Roots to branches", Jethro Tull, 1995, Chrysalis

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Sin duda lo más notorio a primera vista del decimonoveno álbum de estudio de Jethro Tull son sus sonoridades indias y árabes, que parecen ocupar en la propuesta el lugar de las melodías folk inglesas en clásicos como "Songs from the woods". Pero el álbum es más variado que eso y más interesante también; es cierto que para 1995 cierta world mu sic fusionada con el rock era un elemento común a la obra de músicos de los sesentas y setentas que hacían su regreso a sus anteriores niveles de calidad tras un vacío importante en los ochentas (no fue el caso específico de Jethro Tull, ya que, en rigor, su retorno a la forma operó en 1987 con "Catfish rising", y se prolongó hasta 1991, cuando salió "Catfish rising", acaso el mejor de esa última trilogía de discos), y si bien hay por ahí alguna que otra pieza fascinante, en el caso de "Roots to branches" el poder sugerente de la hibridación rockera/prog/world music más o menos se termina después del titl...

"P.U.L.S.E.", Pink Floyd, 1995, EMI/Columbia

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En cierto modo "P.U.L.S.E." es un mito generacional, es decir Pink Floyd para los nacidos a fines de los setentas. Mucho más que "The division bell", el disco hacía creer que los Pink Floyd habían sido elevados a la categoría de clásicos indudables años (décadas) atrás, y lo habían sido, por supuesto, y de paso podían permitirse (re)presentarse si n Waters y con una vistosa parafernalia en sus conciertos, de paso reiterada por la magnífica presentación de aquella caja de CD en vivo, que en sus primeras versiones venía con una luz LED roja que parpadeaba desde las estanterías... en mi caso de un compañero de liceo que representó en algunos momentos cierto papel de foco de emisión de la devoción por el llamado rock clásico, allá por 1995 (aunque ahora que lo recuerdo también fue él quien me grabó "In Utero" en un casete tiempo atrás), ya que jamás tuve el álbum en formato físico. Ahora la escucha -y dejemos de lado el enigma Publius- revela ante todo un ...

"The bends", Radiohead, 1995, Parlophone/Capitol

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Después del debut pesadamente influido por el grunge -o al menos así fue presentado, y a la banda como una suerte de Nirvana ingleses- Radiohead grabaría su primera obra maestra y seguramente aquel entre sus discos que mejor resolvió el equilibrio entre una propuesta pop y una serie de pliegues o complejidades. Esto último no faltará quien lo rastree en las letras (algunas, como "My iron lung" o "Bullet proof.. I wish I was" parecen anunciar la perspectiva de "OK Computer", al borde de la ciencia ficción distópica a la manera de un híbrido entre William Gibson y J.G.Ballard, más en el ángulo de observación que en los temas en sí), pero no cabe duda que aparte de las piezas más guitarrísticamente rockeras -"The bends"- empiezan a sonar texturas más complejas y hasta desconcertantes, por ejemplo las atmósferas sumamente trabajadas y enonianas de "Bulletproof... I wish I was", de la hermosa "Nice dream" y de la segunda mitad de...

"Thrak", King Crimson, 1995, Virgin

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El retorno de King Crimson en los noventas aportó una etapa especialmente interesante de la banda, pero entre los tres álbumes publicados entre 1995 y 2003, quizá no sea "Thrak" -precisamente el que ejerce la propuesta más fascinante y extrema, con su doble trío- el que mejor ha envejecido o el que se mantiene con un poder mayor de seducción. Es cierto que no hay que olvidar el EP o "mini album" "Vrooom", que plantea versiones después retrabajadas de casi todo lo que sonaría en "Thrak" y -junto a los conciertos en Argentina de septiembre de 1994, después recogidos en el álbum en vivo "B'Boom"- establece las coordenadas estéticas del nuevo King Crimson: el trabajo de dos guitarras típico de los tres discos de los ochentas, un "peso" más marcado que retoma  buena parte del sonido de "Red" y lo extrapola a un metal alternativo o progresivo con una fuerte marca industrial, y una atención especial a la creación de a...

"94diskont", Oval, 1995, Mille Plateaux

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El ruido de superficie, el siseo de fondo desde la cinta y los saltos mecánicos de la púa sobre los surcos del vinilo, por nombrar apenas tres desperfectos sonoros, son signos de la en principio indeseada materialidad y fragilidad de sus respectivos formatos, pero también han sido incorporados a la música como textura y como significante sonoro desde una fecha tan temprana como la de "Wish you were here", que en su title track incluía la célebre introducción con el riff "filtrado" por el sonido casi arruinado de un viejo tocadiscos (así como también la sensación casi física del cambio de estaciones en una radio). De hecho, hay quien asocia estos desperfectos a una cualidad cálida o incluso "humana" de los medios de reproducción y grabación analógicos; "la vida tiene ruido de fondo", dijo alguien por ahí. Pero la música grabada y almacenada digitalmente y en medios físicos encuentra también el mismo recurso significante y expresivo en el cu...

"1.outside", David Bowie, 1995, BMG/Arista/RCA/Virgin

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Acaso sea el decimonoveno álbum de David Bowie el momento de su carrera en que más claramente en evidencia quedó la distancia entre ciertos objetivos y la realización final. No porque "1.Outside" sea un álbum fallido o, mucho menos, deficiente -es, de hecho, el más interesante de los que grabó en los noventas-, sino porque indagar en el proyecto original hace inevitable el escalofrío ante lo que pudo haber sido y, lamentablemente, no fue. Por cierto que el álbum tiene sus defectos, y algunos de ellos -su longitud acaso excesiva, el desbalance entre los segmentos ambient y narrativos y las composiciones más cercanas al formato canción, su sonido áspero y fino- surgen probablemente de la dificultad inherente lidiar con el enorme alcance de los planes originales, que acaso demandaba a un Bowie en mejor forma creativa -es decir el de 1976-1980 o el de 2011-2016. Las premisas son todas fascinantes: primero, volver a trabajar con Brian Eno, asociación que en su momento dio el i...

Erik Satie, piezas para piano, 1995, Philips, Reinbert de Leeuw (piano)

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Entre las diversas versiones de las obras para piano de Erik Satie, acaso sea la ejecutada por Reinbert de Leeuw la más fascinante. Cabría pensar, de hecho, que en su desempeño notoriamente marcado por el uso de tempos lentos o lentísimos, Satie queda devuelto a o reinstaurado en su condición de precursor/fundador de la música ambient (que habría quedado establecida desde el concepto propuesto por Satie de "música de mobiliario"). Basta con escuchar la versión de de Leeuw de las tres Gymnopédies para apreciar como la obra del compositor francés -fundamental para la música contemporánea, precursora del minimalismo y el serialismo, dada a las repeticiones, a la simplificación- prefigura la estética  a la que Eno bautizaría "ambient" décadas más tarde: es ineludible la creación de una atmósfera, de un "espacio" o "paisaje" sonoro convocado por las sonoridades, timbres y texturas del instrumento empleado. De hecho, de Leeuw parece permitir que el ...

"The witch hunters", Shinjuku Thief, 1995, Dorobo

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De alguna manera "The witch hunters" se plantea tanto dentro como fuera de lo que podríamos llamar la estética ambient; acaso la mejor manera de pensar en sus procedimientos implicaría señalar que Shinjuku Thief (nombre de uno de los proyectos musicales de Darrin Verhagen) "usa" elementos del género ambient y los vincula a otras sensibilidades y estéticas musicales. Por ejemplo: buena parte de las composiciones del álbum notori amente hacen uso de loops (de cuerdas en "Prelude - In the wake of Walpurga's ashes", "Shadow path" y "Blue flame", de guitarra acústica en "A black furrow", de frases orquestales pregrabadas e imbuidas en ruido de superficie -como si se tratara de un viejo disco de vinilo- en "Cobwebs and vinegar", "Smoke and ice" y "The witch hunter", severamente tratados y ensordinados en "A swim at night" y "Maria's shirt" y "Four embers ...

"Stalker", Robert Rich y B.Lustmord, 1995, Fathom / Heart of space records

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Las escuchas sucesivas de "Stalker", de Robert Rich y B.Lustmord, dejan más que claro que se trata de un álbum tan insondable como la "zona" de la película de Tarkovsky que lo inspiró. Además de estar entre los ejemplos más oscuros imaginables de música ambient, "Stalker" cumple perfectamente con la idea programática de cr ear (o empujar a, o insistir en) una manera diferente de escuchar música: si el ambient más digamos "convencional" (y no por ello menos interesante) funciona porque uno puede ponerle tanto digamos "poca" atención como "mucha", lo que pasa con "Stalker" es más bien que resulta tan imposible concentrarse en sus procesos (como uno se concentra, digamos, en una fuga de Bach; en el caso de este álbum se siente permanentemente la presión de la pregunta acerca de qué es específicamente a lo que hay que atender y qué tipo de cambios o procesos cabe que esperemos; la noción de un "prim...

"Mellon Collie and the Infinite Sadness", The Smashing Pumpkins, 1995, Virgin.

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Si bien "Adore" (1998) podría ser pensado como la obra de madurez de The Smashing Pumpkins y "Machina/The machines of God" (2000) como la más barroca y extraña, acaso corresponda a "Mellon Collie and the Infinite Sadness" (1995) la calificación de obra maestra. Es, sin duda, la pieza más pretenciosa de una banda usualmente criticada por sus pretensiones desmedidas, pero lo cierto es que este disco doble cumple -al menos a mis oídos y mi sensibilidad- con todo lo que se propone. Que no es poco. Y hay más, elementos que hacen que podamos seguir redescubriendo "Mellon Collie..." incluso décadas pasado su (y nuestro) momento. No hay otro disco que pueda reclamar el título de capilla sixtina de los 90s con la comodidad con la que cabe adjudicárselo a este álbum vagamente conceptual (está la idea de "día" y "noche", armada con los títulos de los discos: "Del amanecer al ocaso" el primero y "Del crepúsculo a la luz ...