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Mostrando las entradas etiquetadas como 1978

"The man-machine", Kraftwerk, 1978, Kling Klang/EMI/Capitol

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Si "Computer world" trata a la electrónica como un género en sí misma y "Trans-Europe Express" y -especialmente- "Radioactivity" la pensaban y proponían en función de un contexto experimental más amplio, le toca a "The man-machine" el lugar de trabajo de transición; y al funcionar de esa manera se permite reclamar para sí el título de obra maestra de sus autores, en tanto logra fundir el impulso más pop con el vanguardista y experimental de una manera tan brillante como lo haría, dos años más tarde, David Bowie en "Scary monsters". La fusión, de todas formas, no es exactamente pareja u homogénea. Así, dos de las piezas del álbum son notoriamente más pop que las otras y funcionan de manera espectacular en ese sentido. Me refiero, por supuesto, a "The robots" y -en especial- "The model", ambas una suerte de rock riffero de tempo algo enlentecido y presentado con el gesto minimalista de reducirlo todo a estrofas en la...

"Stage", David Bowie, 1978/2005/2017, RCA/Parlophone

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Es curioso ahora que en 1978 las reseñas del segundo álbum en vivo de David Bowie tendían a desestimarlo por su falta de, precisamente, sonido en vivo. Ahora es sin duda un documento impactante de una de las giras más fascinantes en la carrera de Bowie, en la que sonaron por primera vez en escena canciones de "Low" y "Heroes", y seguramente ese sonido claro, de notoria separación y poca profundidad termina por ser asimilado a cierta cosa conceptual que anima también a esos dos álbumes. Algo frío, si se quiere, o más bien desplazado, descolocado: una música que propone con gran elocuencia su ecuación de emotividad ajena a lo que se entendía por rock. Es cierto también que el disco, ahora pensado en cuanto a sus versiones, hace alguna que otra concesión -necesaria, cabe pensar- a la escena, y así "Breaking glass"  es llevada a casi el doble de su extensión mediante repeticiones y una coda diseñada para la ocasión (la pieza había aparecido también como s...

"No New York", varios artistas, 1978, Antilles

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Kafka y sus precursores: el postpunk inventó de una vez y para siempre al punk. Pero en 1977 el panorama era más complejo, porque entonces operaba también ls no-wave. Y la no-wave hace ver a los paparulos de Sex Pistols (salvo a Lydon, que pronto exhibiría otras credenciales al subirse al carro del postpunk) como un montón de ingenuos optimistas. Musicalmente al menos, porque basta con escuchar el documento definitivo del movimiento, producido por Brian Eno -quien se limitó a decidir cosas como que todo se grabaría en vivo, sin separación de instrumentos, y que si se aplicaban efectos se haría también así, en la inmediatez total- para entender que la verdadera revolución estaba en otra parte, como suele pasar. Y no se puede olvidar la declaración de Lydia Lunch, al frente de Teenage Jesus and the Jerks: el punk no era otra cosa que riffs de Chuck Berry acelerados. ¿Y a quién pueden importarle ahora los riffs de Chuck Berry salvo en honor de cierta autenticidad de rockerito que sólo ...

"Public Image Ltd: Frist Issue", Public Image Ltd., 1978, Virgin

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Hace muchos años un compañero de trabajo y poeta me dijo, medio en serio y medio en broma, que estaba orgulloso de haber nacido en 1977, el año del punk. Mi respuesta fue simple: puestos a pensar así, yo estaba todavía más orgulloso de haber nacido en 1978, el año en que despegó el postpunk. No sólo porque este último "género" (en sentido muy amplio) me parece infinitamente más interesante que el otro sino, puestos a pensar ahora, con todo su componente de quiebre y reseteo, el postpunk puede ser incorporado a una tradición o línea de música progresiva, que si bien en algún momento -principios de los 70s- parecía arrinconado contra un lenguaje sinfónico al que tanta prensa musical quiso después presentar como excesivo y eventualmente agotado, sin duda reclama una lectura más amplia y a fondo, que incluya también al llamado krautrock y a los experimentos con el minimalismo que derivaron en las dos generaciones más diferenciadas de música ambient y, de paso, en la electrónica...

"More songs about buildings and food", Talking Heads, 1978, Sire

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El primero tendrá su mística y el tercero podrá ser (a mi gusto al menos) el mejor, pero el segundo álbum de Talking Heads es sin lugar a dudas una obra maestra. Donde casi todas las bandas de los setentas (las anteriores al postpunk al menos, cronológica o estéticamente) buscaban el consabido sonido "lleno" y "cálido" de guitarra (esa cosa de las válvulas y yo qué sé qué más, épica bluesera de los crossroads, la honestidad, las raíces y bla bla bla) la de Byrne y compañía prefirió todo lo contrario: una guitarra tenue, delgadísima, latosa, que queda además empujada a un rol estrictamente rítmico. Pero eso no es todo, y acá es donde entra en escena Brian Eno: la banda coloca al frente todo lo que tenga que ver con el ritmo, con patrones desquiciados que se reiteran y con el bajo manteniendo todo en su lugar, y Eno aporta el ambiente: el sutil espacio de la reverberación y el juego de frecuencias entre los instrumentos. Seguramente "I'm not in love" m...

"Music for films", Brian Eno, 1978, EG

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Acaso pueda pensarse en la carrera de Brian Eno a lo largo de la década de 1970 como un gran laboratorio; después de 1981 de todos los procesos anteriormente en funcionamiento Eno eligiría dedicarse -casi exclusivamente- a la línea que fusionaba el sonido ambient con los procesos generativos y los loops, noción que tiene en "Thursday afternoon" (1986) acaso su ejemplo más claro y en "Ambient 1: Music for airports" (compuesto esencialmente por varios loops de distinta longitud que juegan a articularse y desfasarse a lo largo de un tiempo potencialmente infinito) a la primera realización paradigmática, pero la faceta creadora de pequeñas viñetas ambient o de paisajes sonoros en miniatura (no necesariamente generativos o hechos en base exclusivamente a loops), que había visto en los instrumentales intercalados en "Another green world" (1975), en los equivalentes de "Before and after science" (1978) y en los del trabajo conjunto de Eno y Cluster (...

"Some girls", The Rolling Stones, 1978, Rolling Stones

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Es dificil, y probablemente innecesario, discutir el lugar común que señala a "Some girls" como la única obra maestra indiscutible de The Rolling Stones después de "Exile on main street" (1972); en efecto, el trío de álbumes "Goat head's soup" (1973), "It's only rock'n'roll" (1974) y "Black and blue" (1978), si bien incluyen canciones indudablemente clásicas y otras tantas joyas ocultas, palidecen ante el logro que representan el ya mencionado álbum doble y su predecesor inmediato "Sticky fingers" (1971), y en estos cabe encontrar, qué duda cabe, lo mejor de la banda; además, después de "Some Girls" el panorama se complica: después de un disco desparejo como "Tatto you" (1981) y de la ligera caída representada por "Emotional rescue" (1980), la banda recién lograría un nivel acorde a su leyenda con algunas piezas de "Steel Wheels" (1989) y casi todo "Voodoo lounge...

"Music for 18 musicians", Steve Reich, 1978 (versión original, ECM), 2015 (versión de Ensemble Signal, Harmonia Mundi)

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Posiblemente la obra maestra de la escuela minimalista (y también de su autor), "Music for 18 musicians" es una fuente inagotable e intrincada de maravillas. El esquema formal que la genera es engañosamente simple: hay once acordes y once secciones, cada una de ellas pensada para explorar uno de los acordes expandiéndolo con pequeñas frases melódicas reiteradas una y otra vez. Estas frases quedan a cargo del piano, las marimbas y los xilófonos (a los que se suma algún o algunos metalófonos: celesta, vibráfono apagado, glockenspiel, saron, etc), mientras que las notas más prolongadas que componen los acordes son relegadas o bien a la voz humana o bien a instrumentos de viento, a cuyos músicos se les demanda que sostengan las notas lo más posible; así, los ciclos del aliento contribuyen a establecer "pulsos" en la obra. Todas las secciones ofrecen momentos sobrecogedores; las notas profundas de la sección quinta pasada la mitad, por ejemplo, junto al movimiento de ...

"Ambient 1: music for airports", Brian Eno, 1978, E.G./Polydor/PVC

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Tanto Terry Riley como Steve Reich, La Monte Young y Stockhousen, Ligeti y Satie, John Cage y Philip Glass, por nombrar sólo a los más importantes y consabidos, produjeron música que cabría llamar "ambient", pero nadie usaría el término ni percibiría al género como tal de no ser por Brian Eno. En las notas que acompañaban su sexto album de estudio el concepto quedó expuesto bajo la forma de una suerte de manifiesto: Eno comienza señalando que las empresas proveedoras de música diseñada específicamente como un accesorio a ciertos entornos ceden a la idea de suavizar o difuminar las características distintivas de esos entornos y a ofrecer productos ligeros y derivativos, pero que la noción misma permite y demanda un enfoque diferente, más arriesgado y atento a hacer, precisamente, lo contrario: a realzar cualidades, a incidir en estados mentales, a no "eliminar la duda y la incertidumbre" de la música (es interesante que Eno escriba "all sense of doubt", ...

"Heavy horses", Jethro Tull, 1978, Chrysalis

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¿En qué se parece la discografía de Jethro Tull a la bibliografía de William Gibson? RESPUESTA: que ambas se ordenan fácilmente en trilogías. Las del escritor, convengamos, son programáticas y revelan vínculos narrativos: así, el "sprawl" ("ensanche" en las traducciones de Minotauro) quintaesencialmente ciberpunk de la primera ("Neuromante", "Conde cero" y "Mona lisa acelerada"), el futuro más cercano de la del "puente" ("Luz virtual", "Idoru" y "Todas las fiestas del mañana") y el presente extrañado de la última completa ("Mundo espejo", "País de espías" e "Historia cero") comparten personajes, escenografía y se vuelven un universo ficcional consistente, mientras que las de Jethro Tull son más bien a posteriori y a modo de modelos de lectura; pero, en cualquier caso, no parece ni fácil ni estrictamente deseable prescindir del esquema que agrupa y separa los tres pr...

"Nite flights", The Walker Brothers, 1978, GTO

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Para ser justos con John y Gary Walker, las "otras" canciones del último álbum de estudio de The Walker Brothers no son un completo desastre, ni tampoco están -sónicamente al menos- por completo alejadas de las cuatro obras maestras que abren el disco. Sin duda que lo están, y mucho, desde otros puntos de vista -su emotividad, su sensibilidad, su es tética, su lírica, sus posibilidades, su futuro-, pero basta con escuchar el bajo distorsionado (a cargo de Mo Foster) y los teclados atmosféricos y sutiles (a cargo de Scott) de "Death of romance", o el final extraño (con sus teclados amenazantes una vez más tocados por Scott) de "Den Haague" para sentir que algo de esas cuatro piezas iniciales logró rezumar lo suficiente como para impregnar el resto de la música del álbum. A la vez, canciones como "Disciples of death" (un gran título, además) y "Rhythms of vision" logran beneficiarse no sólo de su ejecución competente si...