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"The final cut", Pink Floyd, 1983, Harvest/Columbia

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Se puede pensar lo que se quiera sobre el expresionismo romántico a ultranza de Roger Waters, pero es dificil negar que hacia "The final cut" -concebido originalmente como un álbum que acompañara, en plan banda sonora, a la película "Pink Floyd - The wall", pero después convertido en un disco conceptual concebido a partir de la guerra de las Malvinas- el bajista, único compositor de las 12 (o 13 en las ediciones posteriores a 2014) canciones del álbum, se encuentre en uno de sus picos, no sólo como letrista sino también como creador de paisajes sonoros. En ese sentido, "The final cut" es un álbum especialmente interesante de Pink Floyd, ya que se aparta de la línea de belleza y voluptuosidad musicales inaugurada por "Wish you were here" y más o menos presente en los dos discos que siguieron; de alguna manera, entonces, el disco de 1983, que no es de escucha fácil, suena a una concentración de los momentos menos estrictamente "musicales...

"Ziggy Stardust: The motion picture", David Bowie, 1983/2003 (1973), RCA

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No son pocos los bootlegs que lo ofrecen en su totalidad, quizá porque el momento en que Bowie declaró sobre el escenario del Hammersmith Odeon que The Spiders from Mars no volverían a tocar (y no faltó quien leyó en esta declaración un retiro del propio David Bowie de la música) parece cargado de historia pop (una másc ara enunciado su propio fin en tanto máscara, una ficción sobre la propia muerte, sobre la muerte del otro); lo cierto es que no son las mejores versiones en vivo del repertorio Ziggy y el álbum como tal no es comparable a la experiencia de ver el concierto en cuestión desde la película dirigida por D.A. Pennebaker, aunque en el solo de "Moonage daydream", con su eco infernal y su sustain asombroso, y en la asombrosa "My death" ya está todo dicho y dificilmente pueda pensarse que hace falta algo más. Es una pena que ninguno de los lanzamientos oficiales (1983, 2003, 2015, que repite el de 2003) queda el show en su totalidad representado, con la au...

"The serious moonlight rehearsals", David Bowie, 1990, Gotham records

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Parece dificil imaginar que Stevie Ray Vaughn pudiera haber tocado realmente a gusto en la gira Serious Moonlight Tour, de David Bowie. Se puede pensar, por ejemplo, que sus sensibilidades diferían considerablemente y que, entre todas las oportunidades en que SRV y Bowie pudieron producir música juntos, esta era la menos adecuada. ¿O no? Al final SRV abandonó la gira por problemas inducidos por su manager (las biografías insisten en la tristísima imagen de Stevie abatido sentado en la carretera rodeado por sus valijas mientras los músicos ensayan en el fondo), quien exigió más dinero e instaló un conjunto de intrigas infundadas, pero también es cierto que SRV estaba incómodo con el vestuario fantasioso y las coreografías. Eso, qué duda cabe, no tenía nada que ver con su blues pensado desde la honestidad y las raíces; pero también es cierto que la cosa retro/americana del álbum de Bowie de 1983 no era tan divergente con respecto a las opciones estéticas del guitarrista virtuoso. Qued...

"Let's dance", David Bowie, 1983, EMI

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Una de las historias más contadas acerca de la reinvención más dramática de David Bowie (o, si se quiere ser más cauteloso, una de las dos o tres más dramáticas) es que después de grabar "Under Pressure" Freddie Mercury le comentó a Bowie cuánto dinero estaba haciendo Queen últimamente. Eso, al parecer, superaba, y con creces, a lo que había ganado Bowie con "Scary monsters", un disco que, sin abandonar algunas nociones digamos "art-rock" y ser, de hecho, un disco al que cabe asociar algún significado posible del término "vanguardia", había sido pensado como una salida pop al esquema más intelectual de la trilogía de álbumes grabados junto a Brian Eno. En esa línea, todo lo de "Let's dance" es una movida segura. El cambio de productor, desde el experimentalismo de Tony Visconti hasta la sabiduría disco/dance de Nile Rodgers, es un gesto elocuente en sí mismo: Bowie aspiraba a llenar estadios y en ese esquema no cabía más el sonido...

"Zeichnungen des Patienten O.T.", Einstürzende Neubauten, 1983, Some Bizarre Records

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Si bien lo primero que se piensa en relación a Einztürzende Neubauten es la variante industrial del postpunk, en su segundo álbum de estudio -un trabajo conceptual sobre el artista esquizofrénico Oswald Tschirtner (1920-2007), el "paciente O.T." del título- el del dark ambient parece el lenguaje predominante. En sus 40 minutos (53 en la más reciente edición expandida), al margen de la cesura entre caras del vinilo (y de la que separa la impresionante "Armenia" del último track, "Die Genaue Zeit"), hay un paisaje sonoro ininterrumpido, desde el que asoman elementos que a veces tienden a la construcción de una pieza musical asimilable al rock (en "Neun arme", por ejemplo, aparece un riff de bajo) y a veces a una pieza centrada en lo rítmico y en los timbres producidos desde los objetos usados como percusión, casi siempre metálicos y asimilables a lo industrial. Acaso los mejores momentos del disco, entonces -es dificil hablar de piezas, secciones...

"Nena", Nena, 1983, CBS

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A veces es fácil pasar por alto que buena parte de las bandas reunidas bajo la demasiado amplia categoría de "krautrock" estaban compuestas por los más místicos y new-age de los hippies, saturados de un discurso de trascendencia espiritual de plástico. Y no se trata únicamente de las bandas más de segunda o tercera fila, ni siquiera de las menos interesantes musicalmente, pero habría qué preguntarse cuantas bandas de un flower power galáctico recalentado podían contarse por cada Faust, Neu!, Can o Kraftwerk. Insisto en que no hay un juicio de valor operando: buena parte de la discografía post-Virgin de Tangerine Dream entra fácilmente en el estatuto cómodo y complaciente de música new age, del mismo modo que Ash Ra Tempel (y en particular su lider) grabó zapadas horribles y autocomplacientes al mismo tiempo que discos maravillosos ("E2-E4", por ejemplo), o incluso zapadas hippies que eran además discos maravillosos, y eso es parte de todo lo que tantos amamos en ...

"Apollo: atmospheres and soundtracks", Brian Eno (con Roger Eno y Daniel Lanois), 1983, EG

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Si bien algunos de sus sonidos y texturas recuerdan al cuarto álbum de la serie "Ambient" ("On land", de 1982), "Apollo: Atmospheres and sountracks" parece funcionar de una manera muy diferente, acaso porque sus piezas breves son más diferenciables o individuales, porque no son pocas las composiciones que se demarcan muy notoriamente del resto, o porque si lo pensamos en tanto dos mitades o secciones la diferencia entre ambas es acusadísima. Es posible pensar, en todo caso, que entre "Under stars", la apertura del álbum, y su segunda parte opera algo así como una gran sección que coincide con casi todo el lado A del vinilo; más allá de la recurrencia temática entre las ya mencionadas, el ambiente básico y los recursos de producción (los instrumentos grabados con poco ataque, luego reproducidos al revés y cargados de reverb para generar una sensación de fluidez) van conectando las piezas de esta sección, y aparece en "Matta" el momento...