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Mostrando las entradas etiquetadas como Robert Fripp

"The league of gentlemen", Robert Fripp, 1981, EG Records

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Es inevitable pensar que ahora el principal interés de "The league of gentlemen", el álbum de 1981 de Robert Fripp, interesa ante todo por su relación con la discografía de King Crimson: una suerte de preludio de lo que vendría en 1983, hasta el punto que en el espacio de salida del lado B puede leerse "the next step is discipline" ("el paso siguiente es Discipline" -o "disciplina", claro), nombre que, dicho sea de paso, fue pensado primero para la banda que formaría Fripp con Belew, Bruford y Levin. De hecho, los responsables de "The league of gentleman" quedan agrupados bajo precisamente ese nombre; cuando Discipline, entonces, pasó a ser King Crimson (se cuenta que Fripp manejaba su auto escuchando las cintas de los últimos ensayos y sintió que el rey carmesí estaba allí, entre ellos), el nombre del grupo pasó a ser el nombre del álbum. Pero estos son detalles anecdóticos; lo que me interesa ahora es pensar en "The league of ...

"The equatorial stars", Fripp & Eno, 2005, Opal

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Meissa: lambda de Orión, una estrella gigante (28 veces la masa del sol y 10 veces su radio), emisora débil de rayos X, con dos compañeras en la vecindad inmediata, una de ellas (Meissa C) una enana marrón, además de una nebulosa que la rodea, encendida por la radiación ultravioleta de la estrella. Lira: la constelación que incluye a Vega, una de las estrellas más brillantes del cielo nocturno, además de la Nebulosa del Anillo. Tarazed: gama del Águila, 6 veces más masiva que el sol y 2500 veces más brillante. Quema helio en carbono en su núcleo. Lobo: otra constelación, entre el escorpión y el centauro; alfa del lobo ("Yang mun") posee 10 veces la masa del sol y es una gigante azul. Ankaa: alfa del fénix, también conocida como Nair al Zaurak, es una gigante anaranjada y binaria espectróscopica: muy poco se sabe de su pequeña compañera. Altair: alfa del águila, una estrella especialmente cercana al sol (16 años luz) que gira tan rápido que aparece claramente deformada...

"Evening star", Fripp y Eno, 1975, Island

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1975 fue algo así como el primer gran año milagroso de Brian Eno: en septiembre apareció "Another green world", para muchos su álbum más bello y de alguna manera una suma (previa: un plan, un esquema a futuro) de todo lo que haría después, y en noviembre "Discreet music", la primera configuración completa de dos ideas fundamentales en su discografía: la música generativa (o sea un proceso generador en el que no hay -o si la hay es mínima- intervención de un sujeto expresivo) y la música ambient. Ahora bien, el origen de ese álbum está en piezas que Eno se había propuesto crear para que Robert Fripp improvisara sobre ellas con la guitarra, algo similar a lo que ya había quedado registrado en "(No pussyfooting)" (1973), donde Fripp creaba bellísimas texturas de guitarra a través de lo que ahora cabría presentar como un uso exacerbado del delay (y que entonces requería, por supuesto, el uso de loops de cinta), formateado y después retocado por Eno. Y fue en...

"(No pussyfooting)", Fripp & Eno, 1973, Island

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El primero de los discos grabados por Eno tras su alejamiento de Roxy Music -y por tanto el comienzo de su carrera solista, ya que se adelantó a "Here come the warm jets", de 1974, por dos meses- fue en realidad un trabajo en colaboración y, de alguna manera, un momento seminal en la evolución de las carreras de dos músicos clave del siglo XX. Para Fripp, que al conocer a Eno empezaba ya a hastiarse del molde progresivo voluptuoso de los primeros cuatro álbumes de King Crim, no fuera acaso  tan extraño -ni tan ajeno a su sensibilidad ante todo arriesgada y experimental- el interés por el enfoque minimalista que Eno había aprendido de Terry Riley, que sin duda contribuyó a la radical reinvención de King Crimson hacia 1973 (en la que, por cierto, "(No pussyfooting)", a la vez que la técnica desarrollada (que luego sería llamada "frippertronics") aportaría la introducción a todos los conciertos de esa encarnación de la banda. Para Eno, que a la vez mantenía...

"Another green world", Brian Eno, 1975, Island

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Llamarlo un "álbum transicional" en la discografía de Brian Eno parece connotar una insuficiencia: no es lo que era y no es tampoco lo que será, cuando si algo puede decirse de "Another green world" -uno de los dos o tres mejores discos de Brian Eno, por cierto- es que se trata de una obra maravillosamente lograda y autosuficiente. Por supuesto que parece posible detectar elementos de una época inmediatamente anterior en la carrera de Eno -las cuatro canciones que contiene- y, del mismo modo, algunos de los primeros destellos del ambient y el minimalismo que cristalizarían en el mayor aporte del inglés al arte del siglo XX (y del XXI); así, por ejemplo, acaso "I'll come running" (penúltima pista del lado A del LP) pudiera haber sido incluido en el anterior "Taking tiger mountain (by strategy)" (1974), del mismo modo que la densa y cinemática "Sombre reptiles" sin duda entraría cómodamente en "Apollo atmospheres...