Entradas

Mostrando las entradas etiquetadas como grunge

"Vs.", Pearl Jam, 1993, Epic

Imagen
En un universo más coherente, "Vs" sería el primer disco de Pearl Jam. No porque desprecie -ni mucho menos- el que inaugura su discografía en nuestra realidad, pero me parece interesante pensarlos de alguna manera como dos propuestas tan diferentes en cuanto a sus notas básicas que podrían o bien ser de dos bandas distintas o bien proponer a Pearl Jam como una en tidad arrojada a una reinvención radical disco tras disco. Cosa que, notoriamente, el desarrollo de lo presente en "Vs." que hace "Vitalogy" -y su mutación con "No code" y su reafirmación pop con "Yield"- viene a desmentir: a partir de "Vs." -más crudo, más arduo que su predecesor, pero más acertado casi en todas partes también-, entonces, Pearl Jam se embarca en una línea, en un progreso, y lo que entendemos ahora por Pearl Jam es esa línea, esa evolución. Queda "Ten" como una suerte de prólogo y, por supuesto, su ingreso a la fama, pero aparte de un conj...

"Bleach", Nirvana, 1989/1992, Sub Pop

Imagen
Es dificil no ver en "Bleach" un disco que vale ante todo por la promesa; si Nirvana se hubiese disuelto al mes de publicarlo sería sin duda un álbum menor o muy menor cuyo único interés pasaría por su lugar en el proceso de establecimiento del sonido que sería llamado grunge; sin embargo, en el universo que habitamos, el disco fue reeditado después del éxito de "Nevermind" y se lo pudo escuchar bajo una luz más favorable. Es quizá esa perspectiva la que ahora hace parecer que contiene efectivamente más de dos ("Blew" y "About a girl") buenas canciones. Quizá haya que librarse de estas ideas y empezar por pensarlo en su totalidad: "Bleach" es en última instancia un disco que logra crear una atmósfera siniestra y oscura -sin llegar a la fosa abisal depresiva de "In Utero", por supuesto, pero por algo este es el mejor disco de Nirvana- y que logra ofrecer ese clima presentado de diferente manera en diferentes canciones. Está ...

"Live at Reading", Nirvana, 2009 (1992), Geffen

Imagen
La escena podría tomar lugar dentro de diez años. Estoy, estaré, con Amapola en algún lugar de alguna ciudad, en un cuarto tan lleno de libros y discos, espero, como este donde escribo ahora; de alguna fuente -no importa si este disco que compré hace unos días o archivos como los que escuché tantas veces antes de esa compra- suena "Live at read ing", de Nirvana, y yo digo: "escucha, hija mía, así sonaban los noventas". Y entonces volvemos al ahora, y en septiembre de 2017 se me ocurre que, más bien, es así como en 2009 se masterizó y se hizo sonar a los noventas, pero esos detalles poco importan, porque "Live at Reading" es Nirvana en todo su poder y su gloria. Sí, Cobain desafina una nota sí y cuatro no, pero ¿a quién le importa? Si hay una verdad de la poesía, si hay una verdad de la literatura, si hay una verdad del arte, está en esa voz: la verdad de los noventas, hija mía. La performance suena con fuerza y urgencia ya desde "Breed" (Cobai...

"Incesticide", Nirvana, 1992, DGC

Imagen
Lo primero que llamó mi atención desde "Incesticide" y se las arregló para convertirse en el núcleo de mi imagen mental del álbum fue su arte de tapa (del que ahora, lo confieso de rodillas y con las muñecas atadas, tengo una espantosa versión verdosa y argentina). Se dice que Cobain aceptó lanzar un compilado de lados B, rarezas y transmisiones radiales por que se le permitió encargarse él mismo del arte, y de alguna manera le funcionó: para mí, por mucho tiempo, Nirvana no fue el pop punk perfecto de "Nevermind" sino, más bien, la pareja de homúnculos (y la amapola) de la tapa de "Incesticide": algo ominoso (familiar e inquietante), algo mínimo, algo ligeramente grotesco y a la vez increíblemente expresivo, como un cuadro de El Bosco hecho por y para niños malignos y mutantes. Quizá por ahí, pensaba, había que entender la música. También es cierto -como dije en una reseña hace unos días- que por cierto tiempo usé "Incesticide" como si fuera...

"Nevermind", Nirvana, 1991, Geffen

Imagen
Después dirían que Nirvana había asesinado al solo de guitarra (para algunos, quién sabe por qué, un crimen contra la música) y la idea sería extrapolada erróneamente (basta con escuchar los solos en las composiciones de Pearl Jam y The Smashing Pumpkins) al grunge o al alternativo noventero en general, pero si se escucha "Nevermind" en relación a "Metallica", otro disco del mismo año y cargado de una musicalidad más evidente, lo que llama primero la atención es el sonido, estrictamente más nuevo, más vivo, más contemporáneo. Quizá se nota especialmente en las baterías, todavía ochenteras en el disco de Metallica y ya plenas en espíritu de la época en el de Nirvana. Quizá, entonces, sea precisamente el sonido en sí la dimensión más interesante: las distorsiones brillantes y compactas por todas partes, la nube de ruido blanco y fuzz en "Territorial pissings", el chorus tremendo en el riff de "Come as you are" y las voces en double tracking. Clar...

"Yield", Pearl Jam, 1998, Epic

Imagen
Si no fuera porque "Binaural" hace una apuesta fuerte por texturas y cualidades sonoras, podría pensarse que el quinto álbum de Pearl Jam es una reacción a la perspectiva de perder cierta base de seguidores después de un disco tan arriesgado -en el contexto de la estética o estéticas de la banda, se entinde- como "No code". Y es cierto que "Yield" es el disco más pop y ligero que grabara Pearl Jam, pero en su rock directo y sin mayores rebusques no sólo contiene melodías bellísimas y momentos de gran emotividad sino que logra mantenerse interesante canción tras canción. Incluso cabe encontrar una buena marca de la herencia de "No code" en "All those yesterdays" y "Push me, pull me", que aportan un costado un poco menos consabidamente rockero al disco sin volverse piezas que le compliquen demasiado la vida al oyente. En ese sentido, el gran logro de "Yield" es mantenerse siempre pop sin perder la variedad, el inter...

"Unplugged in New York", Nirvana, 1994, DGC

Imagen
Es curioso que la discografía de Nirvana -dejando de lado compilados y otros álbumes en vivo póstumos- tenga a los dos discos más disímiles como extremos; entre el sonido sucio y siniestro de "Bleach" y la performance acústica de "Unplugged in New York" no sólo hay espacio para el registro completo de una banda sino, acaso, para toda esa primera mitad de los noventas que cabe asociar al llamado grunge. En cualquier caso, "Unplugged..." -grabado en noviembre de 1993 y publicado después de la muerte de Cobain- no sólo es uno de los grandes discos en vivo de la historia del rock sino que es interesante en sí mismo en tanto matriz de significado para una selección de canciones y una elección de sonido. La banda optó por no intentar simplemente reproducir un setlist estándar en lenguaje acústico -como había hecho Pearl Jam en 1992- sino más bien por reformar por completo la propuesta, incorporando covers -seis en total: "The man who sold the world"...

"Vitalogy", Pearl Jam, 1994, Epic

Imagen
Si bien vendrían después otros experimentos sónicos (en "Binaural", de 2000) y una arriesgadísima reformulación de la estética musical de la banda (en "No code", de 1996), es el tercero de los álbumes de Pearl Jam el que incluye las composiciones más extrañas de la discografía. A la vez, cabe encontrar en "Vitalogy" una continuación, radicalización o exacerbación del sonido crudo y punk de "Vs": la producción es aparentemente simple, abundan las canciones de tempos acelerados y hay poquísimos solos de guitarra o arreglos sutiles y melódicos; esto queda más que claro con las dos primeras canciones, "Last exit" y -especialmente- "Spin the black circle", y el gesto reaparecerá más adelante en "Whipping" (una de las mejores del disco, con su muro de distorsión y la vocalización casi al nivel de un mantra neurótico de Eddie Vedder) y "Satan's bed", con la beatlesca (como una suerte de Beatles mutantes y gr...

"Machina/The machines of God", The Smashing Pumpkins, 2000, Virgin

Imagen
Quizá se esperaba que después de "Adore" (1998) The Smashing Pumpkins volvieran a reconectarse con aquella audiencia de adolescentes noventeros ya en camino a la madurez, pero, atendiendo como siempre al ímpetu constructor de catedrales, Billy Corgan (ya que para este punto no había sino una banda de apoyo a un músico solista) prefirió ofrecer el álbum más hermético (en al menos dos sentidos del término) de su carrera. Y el resultado fue partir en dos la vida de esa música que hacía bajo el nombre de The Smashing Pumpkins: nunca más, a partir de "Machina/The machines of God" pareció la música de Corgan alcanzar así fuese la décima parte de la relevancia que había alcanzado en las épocas de "Siamese dream" (1993) o "Mellon Collie and the infinite sadness" (1995). Prolijamente, el quiebre se dio en el último año de la década milagrosa de la banda: lo que vendría después ya no sería culpa de Corgan y compañía. Serían, más bien, tiempos oscuros par...

"Dirt", Alice in chains, 1992, Columbia

Imagen
Después de que Guns'n'roses señalara la marca más alta para el hard rock/glam metal ochentoso -y lo condenara a muerte- con "Appetite for destruction" (1987) el metal se asentó en la diversidad de géneros que dura hasta el día de hoy mientras la corriente principal del rock (y algo así como su estética dominante) encontraba en un conjunto de bandas emergent es de Seattle -Nirvana, Pearl Jam, Soundgarden, Alice in chains- un corazón para la sensibilidad musical de la primera mitad de la década de 1990. Algunas de estas bandas exhibían una marcada filiación punk y hardcore (Nirvana), otras incorporaban elementos de rock clásico setentero (Pearl Jam) y quedaba cierto lugar para reciclar lo que no muchos años atrás hubiese sido la base de una banda metalera y, camisas de tartán mediante, ofrecerlo como "música alternativa" o como "grunge". Así, Soundgarden se acercaba al doom metal de raíz sabbathiana y Alice in chains ofrecía una mezc...

"Adore", The Smashing Pumpkins, 1998, Virgin

Imagen
Quizá los noventas ya habían muerto cuando The Smashing Pumpkins lanzó "Adore", y de ser así pocos álbumes podrían servir tan perfectamente de marcha fúnebre (o pavana para una década difunta) para una época. Por supuesto que cierta oscuridad, desesperanza y melancolía habían sido esenciales a la obra anterior de la banda, pero en el disco de 1998 todo eso quedó puesto en primer plano de una manera tan espléndida que es dificil escuchar el disco sin que se escape alguna lágrima. Y si alguien lo duda, ahí esta "Blank page", la última canción y sin duda el momento más bello y desolador del álbum. Desde un punto de vista estrictamente biográfico, el álbum ha de ser vinculado a la crisis en la banda (había sido expulsado el baterísta Jimmy Chamberlin y había muerto el tecladista de la gira de "Mellon Collie and the infinite sadness", Jonathan Melvoin, en circunstancias un poco misteriosas) y a la muerte por cáncer de la madre de Corgan, a qu...

"No code", Pearl Jam, 1996, Epic

Imagen
Es posible ver "No code" como el cierre de una primera etapa en la evolución de Pearl Jam, o, al menos, como el momento final en una serie de esfuerzos por apartarse del sonido y la estética de "Ten" (1991), el primer álbum de la banda. Así, tanto "Vs." (1993) como "Vitalogy" (1994) propusieron un sonido más directo y una producción más cruda, a la vez que el posterior "No code" tomó al registro emocional furioso y agresivo de buena parte de sus precedentes y lo trató como si fuera un color más en una paleta más amplia y ahora disponible para la banda. Es, dicho de otro modo, su álbum más variado y a la vez sutil; eso significó un gesto ante todo experimental y arriesgado, que, como suele pasar, no fue del todo bien recibido por los fans. ¿Pero a quién le importa algo así casi 21 años más tarde? Quizá ya sea tiempo de revalorizarlo como el mejor de la discografía. Es, en todo caso, un favorito personal, junto a "Vitalogy" y ...

"In utero", Nirvana, 1993, DGC

Imagen
Acaso para la banda que había grabado "Bleach" (1989) un sonido como el de "Nevermind" (1991), con sus voces lennonianas en double-track, su sonido altamente comprimido y brillante y su esplendor pop, fuera simplemente demasiado. Se había pasado por ahí, había funcionado, pero ya era hora de enmendar las cosas. Entonces se contrata a Steve Albini, de quien Kurt Cobain luego diría que fue elegido en tanto había producido dos de los álbumes favoritos de la banda ("Surfer rosa" de Pixies y "Pod" de The Breeders), para que lleve el sonido a una crudeza que pudiera parecer quizá "auténtica" en el contexto ético y musical de la banda. Y vaya que lo hizo, pero a partir de ahí la historia se complica: se habló de buscar otros productores y de seguir trabajando a un disco que, sencillamente, se había ido al carajo. Finalmente algunas canciones (cabría pensar que las mejores: "Heart-shaped box", "All apologies" y "Penny...