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Mostrando las entradas etiquetadas como 1981

"The league of gentlemen", Robert Fripp, 1981, EG Records

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Es inevitable pensar que ahora el principal interés de "The league of gentlemen", el álbum de 1981 de Robert Fripp, interesa ante todo por su relación con la discografía de King Crimson: una suerte de preludio de lo que vendría en 1983, hasta el punto que en el espacio de salida del lado B puede leerse "the next step is discipline" ("el paso siguiente es Discipline" -o "disciplina", claro), nombre que, dicho sea de paso, fue pensado primero para la banda que formaría Fripp con Belew, Bruford y Levin. De hecho, los responsables de "The league of gentleman" quedan agrupados bajo precisamente ese nombre; cuando Discipline, entonces, pasó a ser King Crimson (se cuenta que Fripp manejaba su auto escuchando las cintas de los últimos ensayos y sintió que el rey carmesí estaba allí, entre ellos), el nombre del grupo pasó a ser el nombre del álbum. Pero estos son detalles anecdóticos; lo que me interesa ahora es pensar en "The league of ...

J.S. Bach, conciertos para clave, versión de Ensemble Orchestral de Paris (Jean-Pierre Wallez), 1981, EMI

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Si bien desde el punto de vista de un purista la única opción preferible es escuchar los conciertos para clave y orquesta de Bach en un instrumento históricamente correcto, es cierto que la sonoridad incorporada por el uso del piano puede aportar al disfrute de estas piezas. Es, inevitablemente, una relectura o reinterpretación de las composiciones en cuestión, pero dado que estas -me refiero específicamente a los conciertos para clave y orquesta- son en sí reinterpretaciones o reescrituras del propio Bach de otras obras de su autoría, el juego queda de alguna manera habilitado. No cabe duda que quienes prefieran confiar en la idea de estar escuchando a Bach como él mismo habría escuchado sus composiciones preferirán siempre el sonido del clave -y, por supuesto, también los otros instrumentos representados por reconstrucciones informadas históricamente-, que aporta esa fragil austeridad a estos conciertos, pero, a la vez, la resonancia del piano logra conmover casi siempre. Las vers...

"Dare", The Human League, 1981, Virgin

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No hay muchos discos, al menos en la era post-beatle, tan sorprendentes, inagotables y de una frescura tan perenne como la del tercero de The Human League. Pero no por el desafío de su propuesta en sí, sino por su pocas veces igualada (si es que alguna vez lo fue después de 1981) manera de sonar como la quintaesencia del pop y mantener a la vez una riqueza asombrosa de sonidos; son cuarenta minutos de audacia musical, una serie de lecciones bien aprendidas (Bowie ante todo, pero también el pasado más experimental de la banda y sus otras tantas influencias, desde Krafwerk hasta "The Idiot", de Iggy Pop, desde el eurodisco de Moroder hasta el Bowie ersatz de Gary Numan y ABBA), experimentos tan felices que no parecen experimentos y pleno goce musical. Esa combinación de pop y audacia, junto a la larguísima estela del álbum -que engendró o consolidó el synthpop y terminó de definir el sonido de la primera mitad de los ochentas-, puesta junto a la de otras bandas de la época (...

"LC", The Durutti Column, 1981, Factory

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Dos de los momentos más fascinantes de la música de los setentas, el krautrock y el postpunk, tienen en común la idea de rebooteo, de comenzar desde cero, por lo que no es extraño que el más reciente de ambos movimientos haya de alguna manera vuelto legible -o reinsertado en una lógica de significados- al más viejo. Eso, por supuesto, no agotó al krautrock -ni esta idea agota al postpunk tampoco-, pero parece claro que a través de bandas como Joy Division y Talking Heads la influencia de Can, Faust y Neu! se abrió camino, del mismo modo que Bowie y Eno canalizaron el ímpetu de Cluster, Harmonia y Kraftwerk hacia el pop de los ochentas. Cierta pieza clave de esa deriva puede encontrarse en "LC", el segundo álbum de The Durutti Column, uno de los discos más hermosos de ese período seminal. Como en Can, Faust y Neu (y en Talking Heads) el ritmo es acá un elemento fundamental, y la percusión -sus golpes de frecuencias bajas desde los toms- es tan esencial a la textura como la...

"Computer world", Kraftwerk, 1981, Kling Klang/EMI/Warner

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Así como "Kind of blue" (1959) parece fácilmente asimilable a un posible arquetipo del jazz -en el sentido de que la noción misma del género parece de alguna manera ligada al sonido del álbum de Miles Davis-, quizá el octavo disco de Kfraftwerk opere de manera similar en relación a la música electrónica. No es fácil decir que sea "el mejor" -más allá de que la música no es un certamen-, acaso sí uno "de los mejores", pero más allá de ese asunto sin importancia está claro que su sonido connota (y se vuelve metonimia de) el género en que se inscribe y ayudó a fundar. En cierto sentido era algo tarde para Kfraftwerk, pero por eso mismo es que funciona tan bien "Computer world": ya no era extraño ni novedoso, sino una cualidad del presente más tenso. Ya era asimilable a un género, y acaso ahí estén los últimos toques de la fundación de la electrónica como precisamente eso: un género definido que ya no era "experimental". Esto quiere decir...

"Discipline", King Crimson, 1981, E.G./Warner Bros

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Hasta la década de 1990 (cuando la cosa se complica un poco más) hay, a grandes rasgos, tres modulaciones sobre la idea de "rock progresivo" exploradas por King Crimson. La primera es la digamos fundacional, cuyas líneas básicas (y para muchos su mejor ejemplo) quedaron propuestas por el primer álbum de estudio de la banda, "In the court of the Crimson King" (1969) y exploradas por los tres que siguieron, cambiando de paso la integración de la banda unas cuantas veces. El sonido de esta etapa -o zona- de la discografía remite, cabría pensar, a la incorporación de procedimientos y recursos de la música llamada "clásica" a una base de rock -no necesariamente la "base del rock" en el sentido filológico de aquellas bandas que pretendían "volver a las raíces" blueseras del género sino, por el contrario, tomando el rock donde lo habían dejado The Beatles y Bob Dylan entre 1966 y 1967-, y el resultado es una música voluptuosa, compleja, evid...