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Mostrando las entradas etiquetadas como folk

"The broadsword and the beast", Jethro Tull, 1982, Chrysalis

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Se cuenta por ahí que Ian Anderson había previsto que el que sería el álbum de 1980 de Jethro Tull apareciera en realidad como su primero solista; quizá por eso acusa ciertas diferencias importantes con el sonido más inmediatamente asociado a la banda, en particular en cuanto al uso de secuencias y sintetizadores. Es decir: Anderson sabía que "eso" sonaba no tanto a Jethro Tull como a un posible proyecto personal, independiente de la identidad estético-musical de su banda. Pero las cosas no fueron tan simples y "A" entró en la discografía de Jethro Tull. ¿Cuál pudo ser el paso siguiente? Incorporar todo lo que había experimentado ese álbum al sonido más "estándar" de la banda, y el resultado es el último clásico indudable de Jethro Tull. No quiero decir que no sigan buenos discos ("Crest of a Knave", "Roots to branches") sino porque pasado el declive de "Under wraps" la banda emergió cambiada y algo pareció perderse, quizá...

"Bringing it all back home", Bob Dylan, 1965, Columbia

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No es que los anteriores no tuvieran maravillas ni que sea dificil percibirlos como los álbumes magníficos por los que fueron tomados todos o casi todos en su momento, pero el siguiente nivel -el del genio, digamos- en la discografía de Dylan queda inaugurado por la primera de sus obras maestras indudables y quinto álbum en la lista. Y que la primera canción sea el cuasi-rap cuasi-garage rock furioso de "Subterraenan homesick blues", línea después retomada en "Maggie's farm" (fácilmente legible como el quiebre definitivo de Dylan con la escena folk de protesta y por tanto con la izquierda humanista ingenua de su época, esa que todavía hoy, entre sus transfusiones de formol, sigue tarareando en sueños "Blowing in the wind" o "Masters of war") sin duda convierte a "Bringint it all back home" en el equivalente dylaniano de una piña en la cara. Claro que el disco también contiene sutilezas, incluso en su lado eléctrico (el A; el B e...

"David Bowie", David Bowie, 1969, Philips/Mercury

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Quizá los discos que van entre "The man who sold the world" y "Scary monsters" sean realmente irreprochables; tengo para mí que "Station to station" y "Low" son los puntos más altos, pero es evidente que hay una meseta que sirve de base y que las mejores canciones de cualquiera de ellos son también las mejores canciones de David Bowie. En cierto modo, ninguno de los discos que van entre "Let's dance" y "Reality" están a la altura de lo ofrecido en los setentas, y en la misma línea deberíamos pensar a los dos primeros álbumes de Bowie, los dos titulados "David Bowie"; ambos parecen el esfuerzo de un músico que todavía no sabe qué camino tomar, pero lo que en el primero de los álbumes se vuelve uno de sus encantos, no queda del todo claro cómo funciona en el segundo, que además de acusar la fuertísima diferencia de sonido entre "Space Oddity" -el primer hit de Bowie- y el resto de las canciones, no ter...

"Highway 61 revisited", Bob Dylan, 1965, Columbia

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Habría que empezar por la idea de que las letras son lo que menos importa en la mayor parte de los discos de Bob Dylan, y del sexto en particular; es decir: son literatura y en tanto literatura se bastan a sí mismas, ajenas a la música, que es lo que en efecto importa de la mayor parte de los discos de Bob Dylan, y del sexto en particular. Está, para empezar, el sonido de concierto o desconcierto en "Like a rolling stone", que para el segundo compás ya suena -y Greil Marcus acierta al respecto- como si todos los músicos estuviesen suspendidos en su propio asombro ante lo que, entienden, jamás podrá repetirse. La mezcla final del álbum, mono o estéreo, sigue ese camino: los sonidos no están del todo separados pero tampoco se funden; más bien se arremolinan, se suceden, rotan, orbitan. Hay una sustancia extraña entre ellos, por decirlo así, un espacio que no es espacio y que si tuviéramos que apelar a Star Trek como fuente de términos terminaríamos por llamar "subespaci...

"Unplugged in New York", Nirvana, 1994, DGC

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Es curioso que la discografía de Nirvana -dejando de lado compilados y otros álbumes en vivo póstumos- tenga a los dos discos más disímiles como extremos; entre el sonido sucio y siniestro de "Bleach" y la performance acústica de "Unplugged in New York" no sólo hay espacio para el registro completo de una banda sino, acaso, para toda esa primera mitad de los noventas que cabe asociar al llamado grunge. En cualquier caso, "Unplugged..." -grabado en noviembre de 1993 y publicado después de la muerte de Cobain- no sólo es uno de los grandes discos en vivo de la historia del rock sino que es interesante en sí mismo en tanto matriz de significado para una selección de canciones y una elección de sonido. La banda optó por no intentar simplemente reproducir un setlist estándar en lenguaje acústico -como había hecho Pearl Jam en 1992- sino más bien por reformar por completo la propuesta, incorporando covers -seis en total: "The man who sold the world"...

"Hunky dory", David Bowie, 1971, RCA

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Posiblemente la primera obra maestra de Bowie sea su cuarto álbum, y no cabe duda que contiene una de las mejores canciones de la discografía en cuestión, "Life on mars?". Pero,  en cualquier caso, el mayor atractivo de "Hunky  dory", ese regreso -en principio- al folk y al pop de corte singer/songwriter después del breve experimento hardrockero (y más en plan esfuerzo de banda) de "The man who sold the world", está en la gran variedad de  tonos y registros, como si cada una de sus canciones fuera de alguna manera un punto de partida posible para un proyecto aparte. Es interesante también pensarlo en el contexto de la evolución vocal de Bowie, que todavía no había alcanzado su mejor momento previo a esa gran división ocasionada por el quiebre de su salud hacia la época de la adicción a la cocaina y la dieta de morrones y leche, que lo llevó al estado de fragilidad y ansiedad extrema con el que puede vérselo en la actuación  de 1974 en el Dick  Cavett Sho...

"Desire", Bob Dylan, 1976, Columbia

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No son muchos (es decir, son poquísimos) los álbumes de Bob Dylan donde otro músico -o incluso otros músicos- alcanza un lugar tan protagónico que lo distintivo del sonido o incluso lo que hace especial al disco en cuestión lo incluya inextricablemente. Dejando de lado el lugar de algún productor (Daniel Lanois en "Oh mercy", de 1989, y "Time out of mind", de 1997), es quizá el decimoséptimo álbum de Dylan aquel que más se parece a la obra de una banda y menos de un solista. No porque no sea un disco típicamente "dylanesco" sino porque esta dylanidad está a la par de otros elementos idiosincráticos, el más importante de todos sin duda el violín de Scarlet Rivera, pero también los coros de Emmylou Harris y la co-composición (para siete de las nueve canciones) de Jacques Levy. Esto no es de extrañarse: Dylan concibió y grabó "Desire" en medio de su proyecto de gira Rolling Thunder Review, que servía de rejunte de músicos diversos inspirados por...

"Songs from the wood", Jethro Tull, 1977, Chrysalis

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Quizá no fue tan marcado el cambio entre "Too old to rock'n'roll too young to die" y el décimo álbum de Jethro Tull, no al menos en cuanto a una posible distancia entre lo ofrecido y el sonido consabido de la banda, pero si nos detenemos en las melodías, en cierta atención a las armonías, en ciertos arreglos en particular y, especialmente, en las letras, queda más claro como al hard rock virtuoso -pero siempre con una marcada apuesta por la musicalidad antes que por la exhibición gimnástica- y con elementos progresivos lo sucedió un sonido que construye una apropiación específica e idiosincrática del folk inglés. E "inglés" es el término clave quizá: el álbum poco tiene que ver con la escena folk estadounidense de la década anterior y con el rock-folk posterior, del mismo modo que nada de lo ofrecido era estrictamente "nuevo" para la banda (hay antecedentes en "Aqualung", por ejemplo) y, de paso, si destacamos en "Songs from the wo...

"Party", Aldous Harding, 2017, 4AD

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El video de "Horizon" ofrece un concentrado de todo lo que puede tener de fascinante -y más disperso- el disco del que procede la canción,  segundo álbum de estudio de Aldous Harding. Su manera delicada de construir un clima absolutamente inquietante es asombrosa: el arreglo mínimo se vuelve estremecedor y la voz de Harding evoca viento, frío y desolación y una crueldad que parece trascender lo consabido, casi escribo "lo humano". La textura de piano con ese largo decay en los acordes y la voz que se espesa en la garganta mientras dibuja una melodía no del todo convencional, no del todo pop, a la vez que se afina de manera casi infantil y se disuelve en la palabra "horizon", logran crear la sensación de que algo no está del todo bien, de que una máscara se ha deslizado lo suficiente como para permitir que descubramos una piel enferma, y poco a poco la canción va siendo dominada por algo que nos entristece tanto como nos inquieta. El efecto está present...

"Heavy horses", Jethro Tull, 1978, Chrysalis

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¿En qué se parece la discografía de Jethro Tull a la bibliografía de William Gibson? RESPUESTA: que ambas se ordenan fácilmente en trilogías. Las del escritor, convengamos, son programáticas y revelan vínculos narrativos: así, el "sprawl" ("ensanche" en las traducciones de Minotauro) quintaesencialmente ciberpunk de la primera ("Neuromante", "Conde cero" y "Mona lisa acelerada"), el futuro más cercano de la del "puente" ("Luz virtual", "Idoru" y "Todas las fiestas del mañana") y el presente extrañado de la última completa ("Mundo espejo", "País de espías" e "Historia cero") comparten personajes, escenografía y se vuelven un universo ficcional consistente, mientras que las de Jethro Tull son más bien a posteriori y a modo de modelos de lectura; pero, en cualquier caso, no parece ni fácil ni estrictamente deseable prescindir del esquema que agrupa y separa los tres pr...

"Beatles for sale", The Beatles, 1964, Parlophone

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En plena beatlemania y con el apuro de la temporada de Navidad no había muchas canciones de Lennon & McCartney disponibles para el cuarto álbum de The Beatles. La decisión, entonces, fue simple: volver al formato mixto de covers y composiciones originales de "Please please me" (1963) y "With The Beatles" (1963), con 8 originales y 7 covers. Acaso por esta razón el álbum permanece en cierto sentido subvalorado; mirado más de cerca, sin embargo (o no tan de cerca: es todo bastante evidente), se convierte en un disco mucho más interesante y aventurado. Es cierto que no tiene el esplendor pop indudable de "A hard day's night" (1964), el primero de los álbumes de la banda armado únicamente con composiciones propias, pero -además de que en cierto modo eso es precisamente lo que lo hace interesante- "Beatles for sale" sin duda ofrece momentos no sólo de genio geniuno sino también destellos experimentales que anticipan lo que vendrá a partir de...

"Led Zeppelin III", Led Zeppelin, 1970, Atlantic

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Es cierto que ya había canciones marcadamente "acústicas" y folk en discos anteriores de la banda (parte de "Ramble on", parte de "Baby I'm gonna leave you") y que el tercero de Zeppelin tiene algunos de los momentos más hard rock de la discografía ("Inmigrant song"), pero la impresión general fue que Led Zeppelin se había ablandado, y eso señalar on unos cuantos críticos miopes. En cualquier caso, si el álbum anterior (Led Zeppelin II, 1966) puede ser pensado como el libro de texto definitivo del hard rock (con todas las influencias y raices a la vista, por cierto), en el tercero de sus discos de estudio Zeppelin amplió la paleta, y de alguna manera está ahí el gesto que terminó de caracterizarlos: no ser una banda "de" hard rock sino un proyecto musical mucho más variado y complejo. La idea de un "álbum acústico", sin embargo, tiene más que ver con el lado B del vinilo que con la propuesta completa de ...

sin título, Led Zeppelin, 1971, Atlantic

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"Cuatro símbolos", "Zoso", "Led Zeppelin Cuatro", "Sin título", "Runas" e incluso "El ermitaño". El disco, en rigor, no tiene título y se presenta únicamente con la imagen de tapa. Hasta el nombre de la banda ha sido borrado. ¿Testimonio de la confianza absoluta que tenía Led Zeppelin en cuanto a la magnitud de su logro, del poder de su música, que podía h ablar por sí mismo sin necesidad de etiqueta alguna? Bueno, el Cuatro es, sin duda, uno de los álbumes más cercanos a la perfección jamás grabados por banda alguna. Quizá Led Zeppelin recorrió la década de 1970 registrando canciones y discos menos perfectos para, en algún punto de 1982 o 1983, acceder a una máquina del tiempo, retroceder a 1972 y, con las mejores canciones de esa otra vida de la que jamás sabremos, compilar su cuarto disco. El sonido de apertura ha sido descrito y explicado de varias maneras, pero ante todo sugiere una máquina que entra en...