Entradas

Mostrando las entradas etiquetadas como Nirvana

"Bleach", Nirvana, 1989/1992, Sub Pop

Imagen
Es dificil no ver en "Bleach" un disco que vale ante todo por la promesa; si Nirvana se hubiese disuelto al mes de publicarlo sería sin duda un álbum menor o muy menor cuyo único interés pasaría por su lugar en el proceso de establecimiento del sonido que sería llamado grunge; sin embargo, en el universo que habitamos, el disco fue reeditado después del éxito de "Nevermind" y se lo pudo escuchar bajo una luz más favorable. Es quizá esa perspectiva la que ahora hace parecer que contiene efectivamente más de dos ("Blew" y "About a girl") buenas canciones. Quizá haya que librarse de estas ideas y empezar por pensarlo en su totalidad: "Bleach" es en última instancia un disco que logra crear una atmósfera siniestra y oscura -sin llegar a la fosa abisal depresiva de "In Utero", por supuesto, pero por algo este es el mejor disco de Nirvana- y que logra ofrecer ese clima presentado de diferente manera en diferentes canciones. Está ...

"Live at Reading", Nirvana, 2009 (1992), Geffen

Imagen
La escena podría tomar lugar dentro de diez años. Estoy, estaré, con Amapola en algún lugar de alguna ciudad, en un cuarto tan lleno de libros y discos, espero, como este donde escribo ahora; de alguna fuente -no importa si este disco que compré hace unos días o archivos como los que escuché tantas veces antes de esa compra- suena "Live at read ing", de Nirvana, y yo digo: "escucha, hija mía, así sonaban los noventas". Y entonces volvemos al ahora, y en septiembre de 2017 se me ocurre que, más bien, es así como en 2009 se masterizó y se hizo sonar a los noventas, pero esos detalles poco importan, porque "Live at Reading" es Nirvana en todo su poder y su gloria. Sí, Cobain desafina una nota sí y cuatro no, pero ¿a quién le importa? Si hay una verdad de la poesía, si hay una verdad de la literatura, si hay una verdad del arte, está en esa voz: la verdad de los noventas, hija mía. La performance suena con fuerza y urgencia ya desde "Breed" (Cobai...

"Incesticide", Nirvana, 1992, DGC

Imagen
Lo primero que llamó mi atención desde "Incesticide" y se las arregló para convertirse en el núcleo de mi imagen mental del álbum fue su arte de tapa (del que ahora, lo confieso de rodillas y con las muñecas atadas, tengo una espantosa versión verdosa y argentina). Se dice que Cobain aceptó lanzar un compilado de lados B, rarezas y transmisiones radiales por que se le permitió encargarse él mismo del arte, y de alguna manera le funcionó: para mí, por mucho tiempo, Nirvana no fue el pop punk perfecto de "Nevermind" sino, más bien, la pareja de homúnculos (y la amapola) de la tapa de "Incesticide": algo ominoso (familiar e inquietante), algo mínimo, algo ligeramente grotesco y a la vez increíblemente expresivo, como un cuadro de El Bosco hecho por y para niños malignos y mutantes. Quizá por ahí, pensaba, había que entender la música. También es cierto -como dije en una reseña hace unos días- que por cierto tiempo usé "Incesticide" como si fuera...

"Nevermind", Nirvana, 1991, Geffen

Imagen
Después dirían que Nirvana había asesinado al solo de guitarra (para algunos, quién sabe por qué, un crimen contra la música) y la idea sería extrapolada erróneamente (basta con escuchar los solos en las composiciones de Pearl Jam y The Smashing Pumpkins) al grunge o al alternativo noventero en general, pero si se escucha "Nevermind" en relación a "Metallica", otro disco del mismo año y cargado de una musicalidad más evidente, lo que llama primero la atención es el sonido, estrictamente más nuevo, más vivo, más contemporáneo. Quizá se nota especialmente en las baterías, todavía ochenteras en el disco de Metallica y ya plenas en espíritu de la época en el de Nirvana. Quizá, entonces, sea precisamente el sonido en sí la dimensión más interesante: las distorsiones brillantes y compactas por todas partes, la nube de ruido blanco y fuzz en "Territorial pissings", el chorus tremendo en el riff de "Come as you are" y las voces en double tracking. Clar...

"Unplugged in New York", Nirvana, 1994, DGC

Imagen
Es curioso que la discografía de Nirvana -dejando de lado compilados y otros álbumes en vivo póstumos- tenga a los dos discos más disímiles como extremos; entre el sonido sucio y siniestro de "Bleach" y la performance acústica de "Unplugged in New York" no sólo hay espacio para el registro completo de una banda sino, acaso, para toda esa primera mitad de los noventas que cabe asociar al llamado grunge. En cualquier caso, "Unplugged..." -grabado en noviembre de 1993 y publicado después de la muerte de Cobain- no sólo es uno de los grandes discos en vivo de la historia del rock sino que es interesante en sí mismo en tanto matriz de significado para una selección de canciones y una elección de sonido. La banda optó por no intentar simplemente reproducir un setlist estándar en lenguaje acústico -como había hecho Pearl Jam en 1992- sino más bien por reformar por completo la propuesta, incorporando covers -seis en total: "The man who sold the world"...

"In utero", Nirvana, 1993, DGC

Imagen
Acaso para la banda que había grabado "Bleach" (1989) un sonido como el de "Nevermind" (1991), con sus voces lennonianas en double-track, su sonido altamente comprimido y brillante y su esplendor pop, fuera simplemente demasiado. Se había pasado por ahí, había funcionado, pero ya era hora de enmendar las cosas. Entonces se contrata a Steve Albini, de quien Kurt Cobain luego diría que fue elegido en tanto había producido dos de los álbumes favoritos de la banda ("Surfer rosa" de Pixies y "Pod" de The Breeders), para que lleve el sonido a una crudeza que pudiera parecer quizá "auténtica" en el contexto ético y musical de la banda. Y vaya que lo hizo, pero a partir de ahí la historia se complica: se habló de buscar otros productores y de seguir trabajando a un disco que, sencillamente, se había ido al carajo. Finalmente algunas canciones (cabría pensar que las mejores: "Heart-shaped box", "All apologies" y "Penny...