"Australasia", Pelican, 2003, Hydra Head Records
A comienzos de la década de 1970, la propuesta de Black Sabbath -para empezar este comentario del primer disco de Pelican con una referencia al momento fundacional del metal- fue leída seguramente en el contexto de las bandas hard rock más prominentes de la época, es decir Led Zeppelin, Deep Purple y algunas otras menores, digamos por ejemplo Uriah Heep o Grand Funk Railroad. Buena parte de la estética sonora de estas bandas, notoriamente, se apoyaba en el recurso del solo virtuoso de guitarra como lugar privilegiado de cada composición o canción, y Black Sabbath no fue una excepción; sin embargo, ahora que los escuchamos como una categoría ligeramente despegada -es decir: el metal, el protometal, el premetal, como se quiera llamarlo-, también parece fácil pensar que del trabajo de Tony Iommi lo esencial no está en sus eventuales pirotecnias solistas sino, por el contrario, en la rítmica: en las bases, los riffs y el sonido pantanoso de su guitarra afinada tres semitonos más gra...